La canción del corazón

by palabras alma on 16/09/2011

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La canción del corazón

Había una vez un hombre que se casó con la mujer de sus sueños. Con su amor, ambos crearon una niñita, una pequeña radiante y alegre, a quien el gran hombre amaba mucho.

Cuando ella era muy pequeña, él solía levantarla, entonaba una melodía y bailaba con ella por la habitación, diciéndole:

—Te amo, mi niña.

La niñita fue creciendo, y el hombre la abrazaba y le decía:

—Te amo, mi niña.

Ella se enfurruñaba y decía:

—Ya no soy una niña.

Entonces el hombre se reía, diciendo:

—Para mí, tú siempre serás mi niña.

La niña, que ya no era una niña, se fue de casa para descubrir el ancho mundo. A medida que se conocía mejor a sí misma, conocía mejor al hombre.

Entendía que él era verdaderamente grande y fuerte, porque ahora reconocía sus virtudes. Una de ellas era la capacidad para expresar su amor a su familia.

No importaba dónde estuviera ella en el mundo; él la llamaba para decirle: «Te amo, mi niña».

Llegó un día en que la niña, que ya no era una niña, recibió una llamada telefónica. El gran hombre estaba enfermo. Le dijeron que había tenido un ataque y estaba afásico. Ya no podía hablar y no estaban seguros de que entendiera lo que se le decía. Ya no podía sonreír, ni reír, ni andar, abrazar, bailar ni expresarle su amor a la niña, que ya no era una niña.

Entonces regresó al lado del gran hombre. Cuando entró en la habitación y lo vio, le pareció pequeño y nada fuerte. Él la miró e intentó hablar, pero no pudo.

La niñita hizo lo único que podía hacer. Se tendió en la cama, junto al gran hombre. Las lágrimas brotaban de los ojos de ambos, y ella abrazó sus hombros paralizados.

Con la cabeza apoyada en el pecho del enfermo, ella pensó en muchas cosas. Se acordó de los momentos maravillosos que habían pasado juntos y de cómo siempre se había sentido protegida y amada por el gran hombre. Sentía dolor por la pérdida que habría de soportar, por las palabras de amor que la habían reconfortado.

Y entonces oyó, en el pecho de él, el latido del corazón. El corazón donde habían vivido siempre la música y las palabras. El corazón seguía latiendo tercamente, despreocupado del daño que sufría el resto del cuerpo. Y mientras ella descansaba, se produjo un momento mágico. Ella oyó lo que necesitaba oír.

El corazón iba latiendo las palabras que la boca ya no podía pronunciar…
Te amo,
mi niña.
Te amo,
mi niña.
Te amo,
mi niña…
Y se sintió consolada.

Patty Hansen

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El amor, la única fuerza creativa

by palabras alma on 03/09/2011

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El amor, la única fuerza creativa
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Por dondequiera que vayas, difunde el amor: ante todo en tu propia casa. Brinda amor a tus hijos, a tu mujer o tu marido, al vecino de al lado… No dejes que nadie llegue jamás a ti sin que al irse se sienta mejor y más feliz. Sé la expresión viviente de la bondad de Dios; bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa, bondad en tu cálido saludo.

Madre Teresa de Calcuta

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Estar solo no es casualidad – La Princesa Busca Marido

Había una vez una princesa, que quería encontrar un esposo digno de ella, que la amase verdaderamente. Para lo cual puso una condición: elegiría marido entre todos los que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un solo día. Se presentaron centenares, miles de pretendientes a la corona real. Pero claro al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad, también se fue.

Habían empezado el primero de enero, cuando entró diciembre, empezaron de nuevo los fríos, y solamente quedó un joven.Todos los demás se habían ido, cansados, aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente éste joven que había adorado a la princesa desde siempre, estaba allí, anclado en esa pared y ese muro, esperando pacientemente que pasaran los 365 días.

La princesa que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba empezó a mirarlo, pensando, que quizás ese hombre la quisiera de verdad. Lo había espiado en Octubre, había pasado frente a él en Noviembre, y en Diciembre, disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida, le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Entonces le había dicho al rey:

- Padre creo que finalmente vas a tener un casamiento, y que por fin vas a tener nietos, este es el hombre que de verdad me quiere.

El rey se había puesto contento y comenzó a prepararlo todo. La ceremonia, el banquete e incluso, le hizo saber al joven, a través de la guardia, que el primero de Enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él.

Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de Enero. El 31 de Diciembre, el día después de haber pasado las 364 noches y los 365 días allí, el joven se levantó del muro y se marchó. Fue hasta su casa y fue a ver a su madre, y ésta le dijo:

- Hijo querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches, 365 días y el último día te fuiste. ¿Qué pasó?, ¿No pudiste aguantar un día más?

Y el hijo contestó:

- ¿Sabes madre? Me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo, no me evitó una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece de mi Amor, ¿verdad madre?

Cuando estás en una relación, y te das cuenta de que pudiendo evitarte una mínima parte de sufrimiento, el otro no lo hace es, porque todo se ha terminado.

Klip7.cl: Un mundo de entretencion e Informacion

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HIJOS SIN LÍMITES

by palabras alma on 03/08/2011

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HIJOS SIN LÍMITES

Una mujer de 55 años visitaba a su hijo de 23 en la cárcel.  Él estaba ahí por homicidio culposo, ya que había atropellado a un niño al entrar a alta velocidad en una calle en sentido contrario tratando de escapar de una patrulla que lo perseguía por haberse pasado un semáforo en rojo.  Entró al penal completamente destrozado de los huesos y en silla de ruedas ya que, el padre de la criatura muerta se le fue a golpes, y el policía -que estaba justo detrás de él- se hizo el de la vista gorda y no lo detuvo hasta que casi lo mata.

El hijo le decía a la madre:

-    ¿Sabes mamá?  Yo no soy un asesino premeditado, ni un maldito desalmado.  Yo estoy aquí porque aprendí y me acostumbré a romper reglas y a no cumplirlas jamás sin ningún límite.
-    ¡Ay hijo! es que de niño te ponías tan difícil.  Cada vez que yo te daba una orden o una instrucción, me desafiabas y hacías unos berrinches tales que yo no lo soportaba y te dejaba hacer y deshacer con tal de evitarme conflictos y de que estuvieras calladito y complacido para que tu papá no me dijera: ¡calla a ese niño!

Desde que tenías 3 o 4 años, cuando yo te decía:

-    Cómete tus verduras para que crezcas sano y fuerte, tú me decías: Yo no quiero ser sano ni fuerte.  No me importa, ¡Déjame en paz!
-    Recoge tu cuarto, tú me decías: Yo no voy a recoger nada, así estoy contento.  ¡Si quieres recógelo tú!
-    No destruyas las cosas, cuídalas, tú me decías: No me importa, yo quiero jugar así, y si no me compras cosas nuevas gritaré y lloraré hasta que me las compres.
-    En esta casa se hace lo que yo digo, tú me decías: No mamá, no lo haré.  ¡Ya no te quiero y si me hablas así, me voy a ir de la casa!

Y así, siguió la lista interminable de instrucciones y respuestas a lo largo de la vida de este hijo rebelde y padres pasivos, flojos y blandengues.  Hasta que el hijo interrumpió a la madre gritándole:

-    ¡Basta ya mamá!  Solo dime: ¿cómo fue que siendo tú una mujer adulta, le creíste y obedeciste a un niño tan chiquito?   Hoy a mis 23 años estoy destrozado, infeliz y sin futuro.  De nada sirvió que estudiara o que no hayamos sido pobres.  Le quité la vida a una criatura y de paso les arruiné el resto de la vida a ti y a mi padre.  La vida en la cárcel es una miseria.

Desconozco el autor

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¿Zanahoria, huevos o Café?

by palabras alma on 15/07/2011

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¿Zanahoria, huevos o Café?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante; creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. parecía que cuando solucionaba un problema enseguida aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Pronto, el agua de los tres recipientes estaba hirviendo.

En una olla colocó zanahorias, en otra huevos y en la última colocó granos de café.

Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los 20 minutos el padre apagó las hornillas. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los acomodó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en otro recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”

- Zanahorias, huevos y café – contestó la niña.

La hizo acercarse y le pidió que tocará con cuidado las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban suaves, blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de quitarle la cáscara, observó el huevo duro. Finalmente le pidió que probara el café.

Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Con gran curiosidad, la hija preguntó: “Qué significa esto, papá?

Él le explicó que que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero cada uno había reaccionado de forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura, pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior liíquido, pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café, por el contrario, eran únicos. Después de estar sometidos al agua hirviendo, ellos habían cambiado al agua.

- ¿Cuál eres tú? – Le preguntó a su hija.

“Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, que parece fuerte pero que cuando las dificultades, adversidades y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

“¿Eres un huevo que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido pero después de un duro golpe como la muerte de un ser querido, una separación dolorosa, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera puedes parecer igual, sin embargo ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

“¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. No al revés. Cuando el agua llega al punto de ebullición, en ese justo momento el café alcanza su mejor sabor.

“Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor o más complicadas, entonces tu reaccionas mejor y haces que las cosas mejoren a tu alrededor.”

Y tu, ¿cuál de los tres eres?

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El sueño del Sultan

by palabras alma on 26/06/2011

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El sueño del Sultan

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó a llamar a un adivino para que interpretase su sueño:

- ¡Qué desgracia Mi Señor! -exclamó el adivino- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
- ¡Qué insolencia! -gritó el Sultán enfurecido- ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? Fuera de aquí.

El Sultán llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Mas tarde ordenó que le trajesen a otro adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.

Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

- ¡No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer adivino. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
- Recuerda bien amigo mío -respondió el segundo adivino- que todo depende de la forma en el decir. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma como debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

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Pensamientos: “JUSTO A TIEMPO”

by palabras alma on 09/06/2011

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JUSTO A TIEMPO

Un niño se puso la ropa para el frío y le dijo a su padre:
-    Bien papá, estoy listo.

Su papá, el Pastor, le dijo:
-    ¿Listo para qué hijo?
-    Papá, es hora de ir afuera y repartir nuestros volantes.

El papá respondió:
-    Hijo, está muy frío afuera y además está lloviznando.

El niño miró sorprendido a su padre y le dijo:
-    Pero Papá, la gente necesita saber de Dios aún en los días lluviosos.

El Papá contestó:
-    Hijo, yo no voy a ir afuera con este tiempo.

Con desespero, el niño dijo:
-    Papá, ¿puedo ir yo solo? Por favor.

Su padre titubeó por un momento y luego dijo:
-    Hijo, tú puedes ir. Aquí tienes los volantes, ten cuidado.
-    Gracias papá.

Y con esto, el hijo se fue debajo de la lluvia. El niño de 11 años caminó todas las calles del pueblo, repartiendo los volantes a las personas que veía.  Después de 2 horas caminando bajo la lluvia, con frío, se detuvo en una esquina y miró a ver si veía a alguien a quien darle el último volante, pero las calles estaban totalmente desiertas. Entonces él se viró hacia la primera casa que vio, caminó hasta la puerta del frente, tocó el timbre varias veces y esperó, pero nadie salió.

Finalmente el niño se volteó para irse, pero algo lo detuvo. El niño se volteó nuevamente hacia la puerta y comenzó a tocar el timbre y a golpear la puerta fuertemente con los nudillos. Él seguía esperando, algo lo aguantaba ahí frente a la puerta. Tocó nuevamente el timbre y esta vez la puerta se abrió suavemente.  Salió una señora con una mirada muy triste y suavemente le preguntó:
-    ¿Qué puedo hacer por ti, hijo?

Con unos ojos radiantes y una sonrisa que le cortaba las palabras, el niño le dijo:
-    Señora, lo siento si la molesté, pero sólo quiero decirle que “Dios Realmente La Ama”.  Yo vine para darle mi último volante,que habla sobre Dios y su Gran Amor.

El niño le dio el volante y se fue.  Ella sólo dijo:
-    Gracias hijo y que Dios te bendiga.
El siguiente domingo por la mañana el pastor estaba en el púlpito y cuando comenzó el servicio preguntó:
-    ¿Alguien tiene un testimonio ó algo que quiera compartir?

Suavemente, en la fila de atrás de la iglesia, una señora mayor se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos:
-    Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí. Mi esposo murió hace un tiempo atrás dejándome totalmente sola en este mundo. El domingo pasado fue un día particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón.  Ese día llegué al final del camino, ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir.  Entonces tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa., amarré y aseguré bien un extremo de la soga a las vigas del techo; entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello.  Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado, estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el sonido fuerte del timbre de la puerta.  Entonces pensé, “Esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá”.

Yo esperé y esperé, pero el timbre de la puerta cada vez era más insistente, y luego la persona comenzó a golpear la puerta con fuerza. Entonces me pregunté: ¿Quién podrá ser?  Jamás nadie toca mi puerta ni nadie viene a verme.  Solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta, mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia.  Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos, frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño que jamás había visto.  Su sonrisa, oh, nunca podré describirla.  Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón, muerto hace tanto tiempo, volviera a la vida, cuando dijo con voz de querubín: “Señora, sólo quiero decirle que Dios realmente la ama”.

Cuando el pequeño ángel desapareció entre el frío y la lluvia, cerré mi puerta y leí cada palabra del volante. Entonces fui al ático para quitar la silla y la soga. Ya no las necesitaría más. Como ven ahora soy una hija de Dios.  Como la dirección de la iglesia estaba en la parte de atrás del volante, yo vine personalmente decirle Gracias a ese pequeño Ángel de Dios que llegó justo a tiempo a rescatar mi vida de una eternidad en el infierno.

Todos lloraban en la iglesia.  El Pastor bajó del púlpito hasta la primera banca del frente, donde estaba sentado el pequeño ángel; tomó a su hijo en sus brazos y lloró incontrolablemente.  Probablemente la iglesia no volvió a tener un momento más glorioso.

Autor Desconocido

 

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UNA VERDAD QUE DUELE… PERO MUY CIERTA.

by palabras alma on 13/05/2011

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UNA VERDAD QUE DUELE… PERO MUY CIERTA.

Durante una conferencia sobre las grandes diferencias entre generaciones, un presumido estudiante se tomó la molestia de explicarle a un señor mayor sentado cerca de él, por qué le es imposible a la vieja generación comprender a su generación:

“Usted creció en un mundo diferente, realmente casi primitivo”, dijo en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan alrededor.

“Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, internet, teléfonos móviles, aviones jet, viajes al espacio.

Nuestras sondas espaciales han visitado Marte. Tenemos naves con energía nuclear y coches eléctricos y de hidrógeno. Ordenadores con procesadores de velocidad de la luz.. y más”.

Luego de un breve silencio el señor mayor respondió:

“Tienes razón, hijo mío; nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos jóvenes… ¡Así que las inventamos!

Ahora, dime insolente, ¿qué estás haciendo TÚ para la próxima generación?”

¡El aplauso fue atronador!
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